Otra vez, otro ciclo, otro periodo, otra época.
Una vez más, romano, el tiempo nos acerca a tu pasado
dejarás alguna vez de lavarte las manos,
la hormiga trabaja silenciosa y levanta ciudades en el vientre de la tierra
tu gesto pudo mover montañas
pero movió tempestades,
pudo levantar pasiones, ardores,
pudo encumbrar a Roma
pero solo trajo secretos invisibles y odios escondidos
mira su testa coronada,
sus manos, en cruz ¿qué hará con esos clavos en ellas?
y esos pies cruzados,
y esa lanza en su costado.
Romano, no se sonroja tu alma,
al ver que una y otra vez, al lavar tus manos matas el poco aliento que le queda,
y esa corona de espinas que dejaste que le pusieran entre risas, ni una hoja de laurel
con las que premiar algunas de sus palabras, tristes y afligidas palabras,
que el aire arrastró como frágil pluma de ave blanca.
Al menos dejaste que cubrieran sus vergüenzas con una media sábana,
pero la mancharon, mancillaron ese lienzo blanco
con esa lanza,
pero ni una gota de ese liquido que fluye y filtra la vida
salio de su herida, nada.
Romano, hoy es el día, otra vez lo crucifican
hoy sin clavos,
lloran, tambores y trompetas
con voces de infantes
en otro ciclo, en otro espacio, se sigue matando
entierran sus cuerpos untados con oleos y sudarios blancos,
y pintan catafalcos sus tres caídas sobre mármoles blancos,
de acero son sus clavos.
¿Cuantas manos lavadas?
¿Cuántas coronas de espinas, cuántos pies cruzados
y lanzas en el costado?
imágenes perfumadas
envueltas en sabanas blancas
para soterrar al que matan,
con lanzas en sus costados.
De la Safor