lunes, 20 de febrero de 2012

"AQUELLO QUE MÁS DESEAS, ES LO QUE NUNCA CONSEGUIRÁ."(Aisaca Taiga Toradora!)

Imagen de internet

Vampiro

Unas nubes negras amenazan lluvia, el viento golpea sobre los cristales desde donde una anciana observa el correr de los días, buscando, con sus cansados ojos el vacío.

Como una sombra, su cuerpo se refleja en el nítido cristal, su piel está ajada por el tiempo, sus dedos blanquecinos recorren lentamente su cara palpando los surcos de su piel.

Se entretiene acariciando un cuello con bordados de encaje, apretando con felina fuerza el camafeo donde reposa la memoria de su pasado. Un pasado de alas negras y dientes afilados. Sus recuerdos son lejanos.

Hubo un tiempo en el que los salones de su mansión rebosaban de vida, fue entonces cuando se quedó atrapada entre dos mundos, un mundo de luz y otro de tinieblas y de velas encendidas, donde su príncipe de la oscuridad, con lujuriosa pasión, la poseía.

Sus afilados colmillos rozaban con suavidad su garganta, buscando con pasión el calor de su sangre. Él, rendido ante la blancura de su piel, ella, amamantándolo con apasionada embriaguez. Mientras bordaba el embozo de sus sabanas con una hebra de hilo rojo, el tiempo pasaba y rendida en sus brazos esperaba el día. Con los primeros ardores del amanecer, su amor volaba, se alejaba. En su cuello quedaban las migajas de la tibia ambrosía donde su amor bebía.

Qué triste aquel amanecer, cuando saciado con la sangre de su amada, quedó suspendido en el vacío olvidando sus alas. Un mortal resplandor del sol embravecido lo abrazó. Sus cenizas volaron por la estancia.

Ella llora tras los cristales.