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«Hace un día tan bonito que tenía que escribirte una carta […]».
John Ashbery, Pensamientos de una muchacha joven. Escucha, amor, mi desvarío: Anoche tuve un sueño. Caminaba entre almendros en flor. Y de repente, entre sus ramas, se alzó un suave viento que deshojó sus pétalos. Mientras caían como copos de nieve, acariciaban mis recuerdos. Mis manos los cogían, mis labios los besaban y mis pensamientos volaban hacia ti como frágiles golondrinas. Fue un sueño, lo sé. ¡Pero fue tan bonito! Caminaba por unas tierras sembradas de olivos recién podados. Correteaba por viñedos de jugosos y húmedos frutos. Desde el recuerdo, gocé de un vino joven que emborrachó mis sentidos. Frágilmente, me dejaba mecer como una hoja que lleva el viento. Esta carta es como un espejo en el que me miro. Recuerdo en él todas las primaveras que compartimos juntos. He paseado por campos sembrados de grillos, y oído sus cantos. He mirado las estrellas, he esperado el amanecer para ver cómo, en el…
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Lienzo de Rodolfo Costa
Tierra, Madre, a través de un lienzo, veo amanecer el día contemplo tu hermosura, siento nostalgia de tus cimas,  necesito abrazarte como lo hace una amante. Añoro esos días cuando estos versos te escribía 
No me busques: No me busques entre ciudades repletas de  gente, ni en calles de asfalto. Deja que piense… Te esperaré en los montes,  entre sombras de helechos,  entre  las flores silvestres, ahí, donde se paran las horas, donde solo el olvido de las horas perdidas,  donde duermen los duendes. Búscame,  me encontrarás vestida del color de la tierra, del color del silencio que desprenden las piedras, de la risa del viento. Vestida  con las plumas del ave que despide al invierno. Untada de tomillo y  romero. Búscame, estoy durmiendo mi sueño, riendo como ríe el viento,  con los ojos abiertos. De la Safor

"No es el dueño quien debe sentirse honrado por la casa, sino la casa por su dueño" (Cicerón)

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La muerta enamorada de Théophile gautier




Se quiebra la noche:
Se quiebra la noche, en tantos y tantos lugares.
La esperanza de las gentes humildes se agrieta,
no callan las armas, es un planeta muerto de palabras.
Ya no queda tierra para enterrar a los muertos
Ya no quedan lágrimas, solo queda rabia. De madrugada y cansada de tanta crueldad innecesaria,
de tantas noticias de muerte,
me dispongo a dormir. Sé que hoy, como tantos días,
la maldad no duerme, está en vela, camina descalza. “No perdono a la muerte enamorada”*.
no perdono a la mano capaz de tanta crueldad innecesaria,
esas manos, que amparándose en dioses, revientan al hombre,
no perdono al que derrama mi sangre, obligándome a entender sus razones. Hoy, la noche se avergonzó, se envolvió en sus tinieblas, y se fue,
nos dejó la maldad a los hombres,
se mofó de nosotros y entre risas, nos regaló un nuevo día
lleno de luz, lleno de muerte, de lagrimas, de vergüenza,
(donde las palabras escritas estaban muertas)*.
Y duele, du…

Éxodo; 23, Nadie se presente a mí con las manos vacías

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Soledad:
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Ayer yo respiraba paz,  la paz de tu soledad, la paz estaba en el aire que impregnaban tus enaguas, la paz estaba en tus manos, cuando tú me acariciabas, cuando peinabas mi pelo, cuando atabas mis sandalias, cuando me dabas un beso al despuntar la mañana tu palabra era mi paz cuando yo te preguntaba,
¿El mar nunca tiene calma? ¿A dónde van esas aguas? ¿Que busca la golondrina cuando anida en mi ventana?
Y tú, con una sonrisa, calmabas todas las olas que en mi orilla naufragaban. —Las aguas buscan orillas, abrazan los continentes y los convierten en islas los hombres aman la tierra que dio comienzo a sus vidas. Palabras que sosegaban aquella existencia mía
Eras mi guía, cogida de tu mano me iba asomando a la vida   y riendo  yo corría, ignorando aquellas vidas que en otra orilla vivían. Los días fueron pasando, la paz se fue alejando  el tiempo borró aquella sonrisa dulce con la que todo lo envolvías.
Ya no atino a respirar, mi pelo se despeinó, ando cruzando este …

Eclesiástico, 19, (Sus ojos observan siempre su conducta.)

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Tengo mi corazón de cristal
y tras de mí dejo la abrasadora noche
con todos sus segundos, sus minutos y sus horas.

En la mañana, solo tus palabras
diciendo, bendígate la luz de la mañana.

Mis ojos son de cristal
y veo acercarse un fingido tiempo, sonriente y engañoso,
donde la mentira duerme.

Pero bendígate la luz de la mañana.

Mi boca es de cristal
y dentro tengo un badajo que llama a la oración
de aquellos que ya están muertos.  A todos los mato el silencio,
el silencio y tu voz.

¿Qué importa? Bendígate la luz de la mañana.

Mis labios, mis labios son de cristal
y tiemblan de indignación y no pronuncian palabras,
solo babean de rabia.

Y sigues tú bendiciendo.

Tengo piernas de cristal y unos pies que no avanzan, retroceden,
ya no tienen movimiento.

Y al bendecir, tú maldices, maldices mis pensamientos.

Mis brazos, mis manos, mis dedos son de cristal
y  no te puedo abrazar y no tengo movimientos.

Y tú, y tú sigues bendiciendo.
De Lasafor:

Los buscará, pero no los encontrará; (Oseas 2,7 )

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Abro la puerta. 
Hay niños jugando en la calle. Una calle  de tierra recién barrida regada por las risas de la chiquillería. Miro al suelo: un sambori, una cuerda, unas canicas. ¡Qué atrevidas esas muchachas que sueltan las agujas y siguen queriendo ser niñas! Y juegan a la cuerda trenzando sonrisas  a posibles galanes. Solo son niñas creciendo muy deprisa.
Vuelvo la mirada y miro las paredes, de una casa vacía y me adentro en sus vidas.
Abro ese cajón de las cosas perdidas. Un peluche, un trozo de  goma, una punta de lápiz, una cuartilla con unas letras sencillas,  una cinta rosa, un mechón de mi pelo.
Una ventana abierta, unos ojos que miran acercarse la vida. A lo lejos, deprisa, una nube se aleja y se apaga una luz, y mis manos tiemblan encendiendo una vela alumbrando el reloj de los granos de arena.
Me miro en el espejo me devuelve mi imagen, 
de arrugas y de canas, de unos pies inseguros
y manos temblorosas.

Y la puerta se cierr…

Los elegidos. Gritaban con gran voz, diciendo: Salud a nuestro Dios

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Enamorarse ¿de quién? ¿De una misma? ¿Te has mirado alguna vez en un espejo? Con objetividad, ¿Qué ves, belleza interior o exterior?
¿Te has mirado en los ojos de un niño? de esos niños que no son bellos que solo tienen piel y huesos,  ¿Te has visto reflejada en esas gotas de lágrimas para ver tu belleza o de aquel que amas?
En los ojos de esos niños yo solo veo lágrimas de  una madre  exprimiéndose  el pecho cuando lo amamanta mientras mira las pupilas de su hijo que son su espejo y ella ve su rabia en ese espejo (y da con la tristeza en el espejo) su tristeza y al fin nuestra tristeza.
Pero no es ese espejo del que nos habla Mario Benedetti, Él nos cuenta sobre amores y desamores. pero en esta historia de espejos y reflejos, en esta historia donde buscas el reflejo de tu alma, solo encuentras coraje, hambre y rabia.    


De la Safor