martes, 19 de mayo de 2015

Eclesiástico, 19, (Sus ojos observan siempre su conducta.)








                                          Imagen de Internet 



Tengo mi corazón de cristal
y tras de mí dejo la abrasadora noche
con todos sus segundos, sus minutos y sus horas.

En la mañana, solo tus palabras
diciendo, bendígate la luz de la mañana.

Mis ojos son de cristal
y veo acercarse un fingido tiempo, sonriente y engañoso,
donde la mentira duerme.

Pero bendígate la luz de la mañana.

Mi boca es de cristal
y dentro tengo un badajo que llama a la oración
de aquellos que ya están muertos. 
A todos los mato el silencio,
el silencio y tu voz.

¿Qué importa? Bendígate la luz de la mañana.

Mis labios, mis labios son de cristal
y tiemblan de indignación y no pronuncian palabras,
solo babean de rabia.

Y sigues tú bendiciendo.

Tengo piernas de cristal y unos pies que no avanzan, retroceden,
ya no tienen movimiento.

Y al bendecir, tú maldices, maldices mis pensamientos.

Mis brazos, mis manos, mis dedos son de cristal
y  no te puedo abrazar y no tengo movimientos.

Y tú, y tú sigues bendiciendo.

De Lasafor:


miércoles, 29 de octubre de 2014

Los buscará, pero no los encontrará; (Oseas 2,7 )





                                           
                                                           Imagen de Internet





Abro la puerta. 

Hay niños jugando en la calle.
Una calle  de tierra recién barrida
regada por las risas de la chiquillería.
Miro al suelo: un sambori, una cuerda, unas canicas.
¡Qué atrevidas esas muchachas que sueltan las agujas
y siguen queriendo ser niñas!
Y juegan a la cuerda trenzando sonrisas 
a posibles galanes.
Solo son niñas creciendo muy deprisa.

Vuelvo la mirada y miro las paredes,
de una casa vacía
y me adentro en sus vidas.

Abro ese cajón de las cosas perdidas.
Un peluche, un trozo de  goma, una punta de lápiz,
una cuartilla con unas letras sencillas, 
una cinta rosa, un mechón de mi pelo.

Una ventana abierta,
unos ojos que miran acercarse la vida.
A lo lejos, deprisa, una nube se aleja
y se apaga una luz,
y mis manos tiemblan encendiendo una vela
alumbrando el reloj de los granos de arena.

Me miro en el espejo me devuelve mi imagen, 
de arrugas y de canas, de unos pies inseguros
y manos temblorosas.

Y la puerta se cierra.  
Entorno mis ojos y me siento a tu lado.
Solo quiero que sepas lo que deje por ti.
Una nube se aleja y se lleva mi tiempo.
Cierro mi ventana, revuelvo mis cajones
me pongo mis enaguas y sin ningún reproche
abandono mi casa.

De La Safor:            







lunes, 29 de septiembre de 2014

Los elegidos. Gritaban con gran voz, diciendo: Salud a nuestro Dios







                                             Imagen de Internet



Enamorarse ¿de quién? ¿De una misma?
¿Te has mirado alguna vez en un espejo?
Con objetividad,
¿Qué ves, belleza interior o exterior?

¿Te has mirado en los ojos de un niño?
de esos niños que no son bellos
que solo tienen piel y huesos, 
¿Te has visto reflejada en esas gotas de lágrimas
para ver tu belleza o de aquel que amas?

En los ojos de esos niños
yo solo veo lágrimas de  una madre 
exprimiéndose  el pecho cuando lo amamanta
mientras mira las pupilas de su hijo que son su espejo
y ella ve su rabia en ese espejo (y da con la tristeza en el espejo)
su tristeza y al fin nuestra tristeza.

Pero no es ese espejo del que nos habla Mario Benedetti,
Él nos cuenta sobre amores y desamores.
pero en esta historia de espejos y reflejos,
en esta historia donde buscas el reflejo de tu alma,
solo encuentras coraje, hambre y rabia.    



De la Safor 

martes, 5 de agosto de 2014

Tienes nombre de vivo, pero estas muerto. (Apocalipsis 2,1-3,3)




                               
                                Imagen de Internet 




          Podría decir que estoy harta pero, ¿de qué?
¿De oír sandeces, majaderías, estupideces
O acaso de encontrar sonrisas en cualquier parte?
Sonrisas tan estúpidas como vacías
¿De qué están hechas  las sonrisas?
¿Acaso te lo has preguntado alguna vez?
¿Pueden ser lágrimas las sonrisas?
¿Lagrimas robadas de otras vidas?


¿Crees que a las tres de la mañana,
Cuando, harta de copas, regresas a tu casa
acallarás los gritos que salen de las gargantas?
¿Acallarás el dolor de un cuerpo enfangado con metralla,
la rabia de una madre con un niño entre sus brazos
desposeído de su alma?


Que lejos están los tiros, que lejos están sus almas,
en todas partes, la sangre la bautizan con la rabia.
Aquí se bautizan palabras y pisotean las almas.
El viento arrastra despojos de metrallas y de rosas
ensangrentando las manos  del que ríe entre copas.
A nuestro lado la tierra está abriendo sus entrañas
Envolviendo con su manto las rosas rojas que unas manos van sembrando

De la Safor  

martes, 17 de junio de 2014

Difícil sería, oh reina, contar menudamente mis infortunios, pues me los enviaron en gran abundancia los dioses celestiales; (Iliada Odisea)






                                          Foto de Santiago Montero

No me busques entre ciudades repletas de  gente, ni en calles de asfalto.

Deja que piense…
Te esperaré en los montes,
entre sombras de helechos,
entre  las flores silvestres,
ahí, donde se paran las horas,
donde solo el olvido de las horas perdidas, 
donde duermen los duendes.

Búscame,  me encontrarás vestida del color de la tierra,
del color del silencio que desprenden las piedras,
de la risa del viento.

Vestida  con las plumas del ave que despide al invierno.
Untada de tomillo y  romero.
Búscame, estoy durmiendo mi sueño,
riendo como ríe el viento,  
con los ojos abiertos.

sábado, 22 de marzo de 2014

Hay almohadas de pluma, hay almohadas de siesta: Mario benedetti




                                 
                                   Imagen de Internet


He tenido un sueño.
Soñé que estaba dormida en una tierra lejana.

Cuando todos abrían sus ojos yo los cerraba.
Estaba soñando,
en la distancia tañían campanas,
entre humillaciones, vergüenzas y llantos,
inclinada su cabeza, sobre una pila de mármol bautizan a la niña.

Su nombre es libertad.
El hombre que la parió, sin ovarios y sin culpa,
partió, robándole un beso, un abrazo una caricia,
un bostezo a la niña.


Una mano meciéndola está en su cuna,
A la nana nanita no la despiertes, 
a la nana nanita, mi niña duerme.


Sueña, está soñando,
chitón, no la despiertes,
la libertad está soñando.
Soñando su libertad.

Desperté, solo fue un sueño,
qué importancia puede tener
que en un lejano lugar 
una niña esté en su cuna,
que le hayan robado un beso, un abrazo, una caricia
y el derecho a una sonrisa.
La libertad está durmiendo.
Dejad que sueñe en su cuna.

De la Safor  




miércoles, 5 de marzo de 2014

OSEAS 8,1 Hay un águila en la casa de Yavé, porque han violado mi alianza,




                                 imagen de Internet 
Ayer, ayer que no hoy, entré en un corral de gallinas.
Fui y observé y agudicé el oído.
Las gallinas durante todo el tiempo lo único que hacían era
cococo, cococo, cococo.
¡Ah! Pero había un gallo, altivo, orgulloso, estirado. Soy el gallo del corral,
repetía sin cesar, picoteo a mis gallinas, mi canto es de tenor, con él a mis vecinos despierto yyy a alguna que otra gallina.

¡Ah! Tonto engreído galán.

En el corral de al lado hay una pollita, descarada, muy bonita.
Está cansada del viejo gallo. Éste la agasaja sin cesar, la acorrala y picotea, la asedia, la persigue.
Cansada está la pollita y haciéndose la tontita una salsa merengada delante del joven gallo ha decidido bailar.
Ella piensa que este gallo al fin la pretenderá.

Caballero, sí, usted, ¿dónde va? Acaso no quiere oír lo que tengo que contar. Mire usted que la historia solo acaba de empezar…Yo le invito a que se siente y termino de contar. Es muy breve, ya verá. 

La pollita está cantando, alborota a las gallinas.

El vejestorio cavila. Ese gallo presumido ¿me quitara a mis pollitas? Jamás lo consentirá.
Lo mira y piensa ¡uf! Demasiados musculitos, cerebrito muy poquito y algo torcido le diviso ese espolón.

Me acercaré despacio, que crea que estoy cansado, que de gallo, yo, ya paso.
El galán lo ve, lo mira y decide en su inocencia que el compañero emplumado, ya vetusto, bien le puede entender y en él puede confiar.

Cuenta, cuenta… Yo, a tu edad, la cresta ya me pesaba ¿Y tú, chaval, cómo vas?

Pues verás, solo tengo plumas, le cuenta el infeliz, he de mantener el tipo de gallo bien emplumado, la cresta ya se me dobla la tengo que sujetar, el espolón me tropieza cuando las quiero montar, picoteo, picoteo pero picoteo mal, ¿a quién quiero yo engañar?

Y el viejo gallo cavila. O sea que la gallina vieja tiene razón cuando de él cuenta que no es gallo ni gallina y le falla el espolón y por la puerta trasera el gallito se le escapa.  

 El viejo piensa y piensa. Yo te voy a escarmentar. Sin pluma te has de quedar. Que a mi pollita tú no la vas a picar ya verás cuando yo cuente que este gallo no es tal gallo ni sirve como galán.

Y el emplumado vejete contó y recontó lo dicho, y lo no dicho también, y de gallo pasó a gallito, solo con sus musculito.
Las gallinas a lo suyo, cococo cococo cococo, bailando está la pollita, rodeando a su vejete,  al compas de una canción que otro gallo va cantando y enseñando el espolón.


De la Safor