Reyes 8, 2 La mujer hizo sin demora lo que el varón de Dios le había dicho

                             
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Ayer, acariciada por espumosas olas de pasión
susurraste en mi oído,
Mujer, extiende tus brazos y toca mi piel.
Yo, acurrucada más allá de mi ser, musité lentamente.

No, amor, no quiero tocar tu piel,
quiero seducirte, excitar tu imaginación 
hasta fundirme en tus lágrimas,

vestirme con el manto de tus brazos,    
estremecer tu cuerpo,
sentir tu virilidad desgarrando mi ser 
y cómo tu aliento bombea furiosamente 
buscando  dobleces en  mi piel,  
excitar tu imaginación 

y ensortijar mi  pelo junto a las perladas
gotas de rocío de tu amanecer.     
Lo ves, amor, no quiero tocar tu piel.
  

                                                       








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