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Madre, despierta, que a los hijos que pariste
se les escapa la vida.
¿Por qué retiras tu manto?
¿Acaso no ves que gritan y están pidiéndote
ayuda?
El viejo mundo se hunde
y el nuevo no resucita.
Se va esparciendo el estiércol y la sangre se
marchita.
Los ídolos ya cayeron y los dioses se
retiran.
Siguen cubriendo su rostro,
los vientres ya no respiran, se niegan a dar
la vida,
un océano está separándose del día.
Quiero estrechar el llanto, acunarlo entre
mis brazos.
Madre, ¿por qué consientes mi llanto?
En tu vientre yo me hallo,
retira ya los fusiles, retira ya esos cantos.
Nabateos, levantaos.
Las
murallas, no dejéis que las derriben.
Abrid, abrid las puertas de Petra.
Esclavos, vasallos, hijos del pasado, hoy
libres de andrajos,
pedidle a la madre tierra que defienda sus
entrañas,
que de rojo no se vista.
Despierta, madre, despierta y no abortes
estas vidas.
Al viento alza tu velo.
Despierta, madre, despierta, no dejes teñir
de rojo
el manto que nos cobija.