viernes, 24 de enero de 2014

Y sin embargo te oigo cada noche. (Un verso de La sirenita, de Mario Benedetti)


                                             Imagen de Internet 



  Amor,
después de unos días de intenso frío y cielo nublado hoy ha amanecido con un esplendido sol.
Asomada a la ventana no puedo resistir la tentación de querer salir corriendo, de cruzar la calle. Está tan cerca el parque… Sólo quiero sentarme en uno de esos bancos y dejar que el sol me acaricie
mientras  entretengo mi mirada en los juegos alegres de los niños, en esas flores que sonrojan la primavera. Están tan bellas que parecen sacadas de un lienzo. Oír el trino de los pájaros, el  suave vuelo de las mariposas.

Envuelta en estos pensamientos cierro los ojos y recuerdo tus pasos acercándose lentamente y dándome un cálido beso que acaricia mis mejillas.

Pero te fuiste y sin embargo te oigo cada noche,  a  cada instante.

Veo manos entrelazadas, ojos mirándose con ternura y no dejo de recordar con un amargo cariño nuestro primer encuentro. Ya nos conocíamos, siempre estuvimos cerca, el mismo colegio, el mismo barrio, los mismos amigos… pero sin descubrirnos. Hasta aquel día que nuestros ojos se encontraron y nunca más dejaron de mirarse.

Después de un corto recorrido juntos me dijiste hasta pronto. Dos corazones dejaron de latir a un tiempo. Sólo la soledad tengo por compañía y sin embargo te oigo cada noche.
Volaré junto a ti cuando llegue la primavera y el viento entrelace los olores del  jazmín y el sonido que tañe nuestros corazones.

De la safor

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